jueves, 13 de enero de 2011

Lectura de "Posición del inconsciente" parte 2: Lo que el inconsciente es y lo que no es

          Lo que el inconsciente es y lo que no es

En 1964 Lacan redacta, a pedido de Henri Ey, el resumen de sus intervenciones en el Coloquio de Bonneval, desarrollado en 1960.

Se trata, como el título mismo lo indica, de una verdadera toma de posición en lo que hace al concepto de inconsciente, en tanto y en cuanto Lacan se esforzará por acentuar la especificidad del descubrimiento freudiano, en oposición a la consumada psicologización de la teoría por parte de los psicoanalistas de la IPA.

Será en este escrito así como en las primeras clases del Seminario 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, en donde Lacan desarrollará de manera formalizada la estructura del concepto de inconsciente, de la que se desprenderá, por ejemplo, la lógica de las sesiones de tiempo variable y el manejo de la transferencia. Es decir que se trata, ni más ni menos, del fundamento teórico en el que Lacan apoyará la práctica por la que será excluido de la IPA.

Es muy importante subrayar que el manejo del tiempo y el corte de las sesiones por parte del analista se apoyan en el planteo que desarrolla Lacan en este escrito, razón por la cual no va a modificar el alcance del concepto  en la continuación de su enseñanza, aún cuando llegue en el Seminario 24 a proponer el neologismo “L'une-bévue” (cuya traducción aproximada sería “una-equivocación”) para designarlo.
Como vamos a leer en Posición del Inconsciente, Lacan articula el inconsciente a una hiancia temporal que se efectúa en una lógica de apertura y cierre; es justamente por  ignorar esta estructura que los psicoanalistas post-freudianos produjeron el cierre del inconsciente,  al ubicar en primer plano la pretendida unidad yoica.
El interés que reviste el estudio de la lógica del concepto, radica en que los psicoanalistas que nos vinculamos a su enseñanza podríamos producir el mismo efecto de sutura que los analistas criticados por Lacan, aún cuando utilizáramos términos y conceptos lacanianos.

El texto comienza por ubicar ciertos sentidos con los que se utiliza el concepto de inconsciente, que tienden a confundir y degradar lo que Freud formuló como un nuevo paradigma:

“El inconsciente no es una especie que defina  en la realidad psíquica el círculo de lo que no tiene el atributo (o la virtud) de la conciencia.”
“Puede haber fenómenos que corresponden al inconsciente bajo estas dos acepciones: no por ello dejan de ser la una a la otra extrañas. No tienen entre sí más relación que de homonimia.”  (Escritos 2, Siglo XXI editores, pág. 809; todos los resaltados son nuestros)
“Decir que el inconsciente para Freud no es lo que llaman así en otras partes poco añadiría si no se entendiese lo que queremos decir: que el inconsciente de antes de Freud no es pura y simplemente.” (pág. 809)
“¿Qué hay en común  (…) efectivamente entre el inconsciente de la sensación (en los efectos de contraste o de ilusión llamados ópticos), el inconsciente de automatismo que desarrolla el hábito, el coconsciente (?) de la doble personalidad, las emergencias ideicas de una actividad latente que se impone como orientada en la creación del pensamiento, la telepatía que algunos quieren referir a esta última, el fondo adquirido, incluso integrado a la memoria, lo pasional que nos sobrepasa en nuestro carácter, lo hereditario que se reconoce en nuestras naturalezas, el inconsciente racional finalmente o el inconsciente metafísico que implica el "acto del espíritu"?” (pág. 809/10)


Esta lista que Lacan propone es muy interesante para nuestra reflexión, en la medida en que presenta gran actualidad: ni la “sensación”, ni los hábitos, ni la “doble personalidad”, ni la telepatía, ni lo hereditario, ni lo pasional, tienen relación con el concepto de inconsciente que utiliza el psicoanálisis. A lo sumo hay una relación de homonimia.

Continúa diciendo:

“(Nada en todo esto se parece, sino por confusión, por lo que los psicoanalistas le han adjuntado de oscurantismo, al no distinguir el inconsciente del instinto, o como dicen ellos de lo instintual -de lo arcaico o de lo primordial, en una ilusión decisivamente denunciada por Claude Levi-Strauss -hasta de Io genético de un pretendido "desarrollo".)”


En la misma línea de confundir el inconsciente con otro tipo de fenómenos, Lacan sostiene que los psicoanalistas post-freudianos contribuyeron al oscurantismo  al equipararlo a lo “instintual”, algo así como lo arcaico o primordial que tendría que evolucionar hacia formas más completas.

Si dejamos de lado la comodidad de la posición del alma bella, resulta pertinente que apliquemos estos señalamientos taxativos que Lacan ubica en este escrito, al discurso que actualmente solemos sostener los analistas lacanianos en torno al goce y lo real: ¿no se los utiliza, acaso, desmedida y livianamente para explicar toda clase de fenómenos clínicos como si fuesen la causa última del sufrimiento? Así utilizados ¿no se tratará de las nuevas-viejas figuras de lo primordial-instintual?

Sea como fuere, lo que Lacan subraya es que el inconsciente del psicoanálisis no es ni lo oscuro, ni lo primordial, ni lo pasional,  ni lo instintual-corporal en ninguna de sus formas.

A todo esto opondrá su tesis:
“El inconsciente, es un concepto forjado sobre el rastro de lo que opera para constituir al sujeto”. (...)
“El peso que damos al lenguaje como causa del sujeto…” (…)
“El inconsciente es lo que decimos, si queremos entender lo que Freud presenta en sus tesis.” (pág 809)

Para Lacan, si lo inconsciente se vincula al lenguaje y “es lo que decimos”,  no es lo profundo, ni lo oscuro, ni la doble personalidad, ni las pasiones ignoradas, ni sensaciones corporales no conscientes.
En tanto y en cuanto no se relaciona con ninguna interioridad, Lacan desarrollará una topología que pueda dar cuenta de la absoluta especificidad del concepto inconsciente.

Lectura de "Posición del inconsciente" parte 1: Contexto histórico

  “Posición del Inconsciente”:  contexto histórico

Elaborado en marzo de 1964, “Posición del Inconsciente”  constituye la redacción por parte de Lacan de su participación en el Coloquio de Bonneval desarrollado en 1960.

Henri Ey convoca para el Congreso de Bonneval a filósofos y psicoanalistas pertenecientes a las dos grandes tendencias que en aquel entonces estaban representadas por la Sociedad Psicoanalítica de París (SPP) y  por    la Sociedad Francesa de Psicoanálisis (SFP)- de la que formaba parte Lacan-, con el objeto de debatir sobre el estatuto del inconsciente freudiano.

H.  Ey no invita a ningún maestro de la segunda generación, a excepción de Lacan, a quien le propone participar en el debate sin realizar ninguna ponencia. Los psicoanalistas invitados son nombres de la tercera generación francesa: Leclaire, Laplanche, Perrier, Pontalis (por la SFP) Lebovici, Diatkine, André Green (por la SPP) mientras que por parte de los filósofos fueron convocados  Ricoeur, Merleau- Ponty, Henri Lefevre, Jean Hyppolite.

La SFP fue representada mayoritariamente por alumnos de Lacan, los que no estaban completamente de acuerdo entre ellos en lo referente a las hipótesis  lacanianas, a punto tal que Leclaire y Laplanche presentaron juntos una ponencia titulada “El inconsciente, un estudio psicoanalítico”, dividida en capítulos que firman por separado. A pesar de las disidencias teóricas, el trabajo denotaba un verdadero esfuerzo de investigación, tal vez el último debate genuino registrable en el entorno lacaniano que prontamente se convertiría en una masa que sólo quería imitar al líder. 

La parte esencial del coloquio trató de las relaciones del inconsciente y el lenguaje, por lo que las discusiones se organizaron en torno a la enseñanza lacaniana, hecho que representó un fuerte espaldarazo en relación a la disputa política de Lacan con la SPP y la IPA.  Además, desde el punto de vista teórico, Bonneval  constituyó la posibilidad de demostrarles a los psicoanalistas de la IPA que el freudismo revisado desde la lingüística presenta  las condiciones  de una ciencia en forma plena, sin la necesidad de su reducción a la biología.

Leer a Lacan - Presentación


Un recorrido por los textos fundamentales.

Es por todos conocido que, al menos en  Argentina,  la gran mayoría de los psicoanalistas hemos leído y releído, asidua y rigurosamente, las denominadas Obras Completas de Sigmund Freud. Podemos citar de memoria fragmentos enteros de sus numerosos ensayos, ubicando el año, el contexto, los interlocutores a quienes Freud se dirigía, etc.

 Pero paralelamente se ha ido produciendo un fenómeno bastante curioso,  particularmente en los diversos ámbitos de formación que compartimos los analistas que nos vinculamos a las enseñanzas de Jacques Lacan: al tiempo que nos hacemos representar por el término “lacanianos”, se verifica que no hay un trabajo de lectura de igual magnitud sobre los seminarios y los escritos que con los textos freudianos. Más bien lo que se  ha ido produciendo es la sustitución de la lectura directa de Lacan, por la de comentaristas de Lacan.

Este ya habitual cuadro de situación no tendría porque suponer, a priori, ninguna desventaja evidente para la formación de los colegas que se inician en la lectura de un autor tan críptico como Lacan, de no haberse transformado en la única lectura.
Lo esperable de la función del comentarista, grosso modo, es que oficie de puente, imperceptible y neutral, entre el lector neófito y el autor, incentivando la lectura paralela y progresiva de la obra original. Sin embargo, no solamente los psicoanalistas en formación no  logran producir el paso  a la lectura directa, sino que tampoco se observa  que haya, por parte de los comentaristas, un posicionamiento acorde a la función, sino que más bien hay un apropiarse del mensaje por parte del mensajero.
Se producen, entonces- como risueñas paradojas rusellienas- psicoanalistas que se dicen lacanianos y que no leen a Lacan.
Se repiten frases huecas, inconexas, fuera de contexto, pero que nadie interroga ni mucho menos exige su articulación con el resto de los conceptos.
Tal vez esto se encuentre favorecido por el hecho de que la teoría psicoanalítica, por la textura misma del asunto que trata, no constituye un sistema acabado, por lo que proliferan las instituciones que se asumen como legítimas herederas de la doctrina, en un gesto más propio de religiones fundamentalistas que de un discurso que se articule a la ciencia.
El psicoanálisis, una vez más, se ve reducido a una religión- de las peores, por otra parte.

Se trata, entonces, de leer a Lacan.

El objetivo mínimo de esta página es invitar a todo aquel que esté interesado en iniciarse o continuar con la lectura de los textos de Jacques Lacan, a recorrer escritos y seminarios en los que se desarrollen conceptos fundamentales del psicoanálisis. El objetivo de máxima es propiciar un posicionamiento de psicoanalizante frente al texto lacaniano- situado por el propio Lacan en la primera versión de la Proposición de octubre de 1967 como el requerido para la formación de los psicoanalistas-, que lejos de cerrar significaciones y sentidos, posibilite la articulación e investigación sobre los diferentes conceptos del psicoanálisis. 

Por eso, para comenzar, vamos  a tomar el escrito “Posición del Inconsciente” en el que Lacan desarrolla con precisión su concepción del Inconsciente y la constitución subjetiva, conceptos fundamentales del psicoanálisis que no modificará con el correr de los sucesivos desarrollos.