lunes, 21 de febrero de 2011

Lectura de "Posición del inconsciente" parte 3: La dimensión temporal del sujeto del inconsciente.


La dimensión temporal del sujeto del Inconsciente.

Luego de oponerse  a todas aquellas dimensiones biologicistas que los psicoanalistas habían interpuesto a la especificidad del inconsciente freudiano, Lacan comienza a desarrollar lo que será su propia posición:

“(…) la presencia del inconsciente, por situarse en el lugar del Otro, ha de buscarse en todo discurso, en su enunciación.” (Posición del Icc, Siglo XXI editores, pág. 813)

El inconsciente queda articulado a la enunciación, esto es, al acto de decir más allá de los enunciados:

El inconsciente es lo que decimos, si queremos entender lo que Freud presenta en sus tesis.” (Posición del Icc., pág. 809)

 Para Lacan el inconsciente no se ajusta a las categorías del espacio euclidiano sino que más bien es un fenómeno ligado al tiempo: el inconsciente no es sustancial  (por ejemplo: no “es” el pasado), sino que se produce en acto, como un efecto propio de la  cadena significante.

En esta misma lógica, y con el fin de desvincular la noción de espacio del concepto de inconsciente- que tiende a situarlo en el interior del ser-hablante- Lacan introduce el término sujeto para referirse a lo que allí se produce, desechando definitivamente la noción retrógrada de aparato psíquico.

En la medida en que el inconsciente se produce como un efecto del decir, no resulta posible sostener ninguna división de la índole de lo interior-exterior en lo referente al sujeto, en tanto y en cuanto el lenguaje no se ubica  "dentro" del hablante, sino que es éste quien lo habita.                  


En el marco del Seminario 11, en el que trabaja sobre los mismos temas que en el escrito que nos ocupa, Lacan lo dice de este modo:

Antes de toda experiencia, antes de toda deducción individual, incluso antes de que se inscriban en él las experiencias colectivas que sean, pueden referirse a las necesidades sociales, algo organiza ese campo o inscribe en él las líneas de fuerza iniciales. Esa es la función que Claude Lévi-Strauss nos muestra como la verdad de la función totémica, y cuya apariencia ha reducido, la función clasificatoria primaria. (…)”  
(Nota: la continuación permite leer que se trata del lugar del Otro. S. Sica)

Lo importante, para nosotros, consiste en que vemos aquí el nivel donde -antes de toda formación del sujeto, de un sujeto que piensa, que se sitúa- eso cuenta, es contado, y en esa cuenta, el que cuenta ya está en ella. Sólo después el sujeto tiene que reconocerse allí, reconocerse como contante. Recordemos el ingenuo tropiezo en el que el medidor del nivel mental se regocija al sorprender al niño que enuncia: tengo tres hermanos, Pablo, Ernesto y yo. Pero ello es completamente natural, en primer lugar, se cuentan los tres hermanos, Pablo, Ernesto y yo, y, además, hay yo al nivel en que se emite que tengo que pensar el primer yo, es decir, yo que cuento.” (Seminario 11, Editorial Paidós, clase “El inconsciente freudiano y el nuestro”, pág. 28)
(Nota: mediante este ejemplo, Lacan ubica la diferencia y articulación entre el sujeto del enunciado  (“Pablo, Ernesto y yo”) y el sujeto de la enunciación (“Yo” que cuento) S. Sica)

“El inconsciente de Freud no es en absoluto el inconsciente romántico de la creación imaginativa. No es el lugar de las divinidades de la noche. Sin duda, este tiene alguna relación con el lugar hacia donde gira la mirada de Freud, pero el hecho de que Jung, posta de los términos del inconsciente romántico, haya sido repudiado por Freud nos indica bastante claramente que el psicoanálisis introduce otra cosa. (…)
 “A todos estos inconscientes siempre más o menos afiliados a una voluntad oscura considerada como primordial, a algo anterior a la conciencia, Freud opone la revelación de que al nivel del inconsciente hay algo en todos los aspectos homólogo a lo que ocurre al nivel del sujeto; ello habla y ello funciona de una manera tan elaborada como al nivel de lo consciente, que pierde así lo que parecía su privilegio. Conozco las resistencias que todavía provoca esta simple observación a pesar de ser visible en el menor texto de Freud (…)” (Seminario 11, pág. 32)

Con el término “sujeto” Lacan pretende responder a la pregunta ¿quién habla? a nivel de las formaciones del inconsciente: ¿quién "pensó" en la sorprendente y significativa sustitución de una palabra por otra que se produce en un lapsus?  "Yo" no- responderá el hablante; el sujeto del inconsciente- dirá Lacan.

La existencia “puntual y evanescente” del sujeto del inconsciente está dada por la articulación y la distancia, la brecha, entre el decir y el querer decir.

El sujeto del inconsciente no “es” la palabra que se dijo en lugar de otra que se quería decir, sino que es el efecto que se produce en el-entre-ambas: en todo caso el sujeto es la esquizia o división que se efectúa en el hablante como producto de la articulación retroactiva entre S1-S2.