miércoles, 29 de junio de 2016

1.- Lectura del Seminario 16, “De un Otro al otro”: Introducción – Del mayo francés al plus de gozar.





Promediando el seminario “Aún”, al hacer referencia a un libro en el cual se lo criticaba – “El título de la letra”, de J.L. Nancy y P. Lacoue-Labarthe- , Lacan afirmaba que encontraba allí la condición de una buena lectura: “imponerse límites”. Esta idea ya había sido expuesta en los comienzos de su enseñanza con la aplicación de la llamada “disciplina del comentario” como método de abordaje de textos. Sin embargo, estos límites presentarán  sus coordenadas “en los varios pentagramas de una partitura” (según otra conocida afirmación de Lacan en su escrito “Instancia de la letra en el inconsciente”),  esto es, en la articulación de varias cadenas significantes que permiten el  entrelíneas.

Es decir: la lectura es una operatoria que se produce en el entrelíneas:

Resulta entonces sorprendente ver cómo la lengua de la que se sospecha sea la más tonta es precisamente la misma que forja el término intelligere, leer entre líneas, a saber, en un lugar distinto al de la manera según la cual se escribe lo simbólico” Seminario RSI, 10/12/74

 Desde esta perspectiva, consideramos que, para leer a Lacan, resulta imprescindible situar los seminarios y escritos en el contexto de su tiempo, a la manera de “los pentagramas de una partitura”.

Justamente, para emprender la lectura del  Seminario 16, “De un Otro al otro.” - dictado por Lacan entre los años 1968/69- es necesario ubicar ciertas coordenadas del clima sociocultural en el que se desplegó, sin las cuales resultaría difícil no apresurarse a cerrar con  un sentido por anticipado a toda una serie de  conceptos claves que serán desarrollados  a lo largo del seminario, como la articulación entre el plus de gozar con la plusvalía marxista o  los conceptos de discurso y estructura en la determinación del sujeto.



Francia en 1968, contexto cultural



Los años 60 en Francia - al igual que en el resto de occidente - fueron una época de acelerados cambios culturales. La época estaba caracterizada por el éxodo rural y el surgimiento de la sociedad de consumo, cada vez más influida por los medios masivos de comunicación  que generalizaban la cultura de masas.
Es además en los años 60 cuando los jóvenes se convierten en una categoría socio-cultural logrando su reconocimiento como un actor social que establece procesos de adscripción y diferenciación entre sus opciones y las de los adultos. Estos procesos se desarrollan a través de las subculturas juveniles nacidas a partir de finales de los años 1950, dentro de movimientos contraculturales como la cultura underground y los movimientos beatnik y hippie. Esta juventud tenía sus propios ídolos musicales como los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan etc. Muchos de estos movimientos cuestionaron y criticaron el estilo de vida plástico ofrecido por el mercado de consumo y la organización capitalista de la posguerra.

En el plano filosófico varias obras y autores tuvieron gran influencia en una parte del movimiento: Wilhelm Reich, freudomarxista, cuyo manifiesto, La revolución sexual, daba nombre a una de las consignas más repetidas; Herbert Marcuse con El hombre unidimensional, publicado en Francia en 1964 y que tuvo que ser reeditado en el 68; Raoul Vaneigem, con el Traité de savoir-vivre à l'usage des jeunes générations de 1967; Guy Debord con La sociedad del espectáculo, también del 1967. Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron publicaban en 1965 Les étudiants et leurs études donde hacían una ácida crítica al sistema educativo francés y sus mecanismos de reproducción social, que permitían a las elites conservar su poder de generación en generación. 

Mientras tanto en École Normale Supérieure, el filósofo marxista Louis Althusser formaba una generación de pensadores marxista-leninistas que formaron el embrión de las primeras organizaciones maoístas.


El Mayo francés 



En mayo de 1968 se produjo en Francia la rebelión obrero-estudiantil conocida como el Mayo Francés, que puso en jaque al gobierno de Charles De Gaulle.

La protesta comenzó el 22 de marzo de 1968 cuando un grupo de estudiantes de la Facultad de Nanterre invadió las oficinas de la dirección reclamando el derecho a celebrar reuniones políticas y bregaron por la modificación de los planes de estudio. Pronto el movimiento se extendió a París, y cuando el gobierno de De Gaulle ordenó la ocupación del Barrio Latino (donde se encuentra la Soborna) y obligó a los estudiantes a desconcentrar la movilización, la protesta se generalizó. Cientos de automóviles fueron incendiados y los obreros declararon la huelga general en solidaridad con los estudiantes.

Sin embargo, el movimiento no obtuvo la adhesión de los franceses de clase media, atemorizados ante la posibilidad de una Francia comunista y alarmados por la propaganda exagerada del gobierno. El gobierno gaullista lograría inicialmente salir fortalecido; sin embargo, la derrota en el referéndum de abril de 1969 significó la dimisión de De Gaulle y su retiro de la política.

La revuelta de Mayo del 68, como tal, no provocó cambios realmente decisivos en la sociedad francesa. La Universidad sí cambió: los estudiantes y el profesorado progresista se adueñaron prácticamente de ella, pero luego fueron perdiendo ese poder poco a poco. En las fábricas, los trabajadores obtuvieron ciertas mejoras salariales y de condiciones de trabajo, y los sindicatos, un aumento de su influencia.

 


Lacan y los acontecimientos de Mayo


En mayo de 1968,  Lacan se ubicaba en cierto antagonismo conceptual respecto de Sartre y la noción de libertad. Por entonces,  no tenía ni la celebridad ni la irradiación internacional del filósofo existencialista,  y su posición respecto de los acontecimientos de orden político, no se distanciaba de sus desarrollos teóricos. De hecho, en 1969, al finalizar la conferencia que Foucault brindara sobre la noción de autor, Lacan intervino – en referencia a la famosa inscripción aparecida en mayo del 68 en una pizarra de una sala de la Sorbona “Las estructuras no bajan a la calle”- , diciendo “No considero de ningún modo que sea legítimo haber escrito que las estructuras no bajan a la calle, porque si hay algo que demuestran los acontecimientos de mayo es precisamente la bajada a la calle de las estructuras.”

Pronto, en medio de los acontecimientos del mayo francés, Lacan iba a tener encuentros con representantes de la Izquierda Proletaria. De hecho, se reunió, acompañado por Leclaire, con uno de los líderes de esa agrupación que nucleaba a una fracción de la juventud intelectual francesa, Daniel Cohn-Bendit.

Al mismo tiempo, en plena  crisis interna de la Escuela  Freudiana de París, varios de sus integrantes comenzaron a sumarse a la Izquierda Proletaria, lo que desató el fastidio de Lacan y la negativa a ayudar económicamente a los militantes cuando estos se lo solicitaron: “La revolución soy yo, no veo por qué habría de subvencionarlos. Ustedes hacen imposible mi revolución y me quitan mis discípulos.” (citado por Roudinesco en “Lacan”, pág 493 de la edición en español, Fondo de Cultura Económica)